| | Adiós monseñor Federico Gagliardo.
Por: Margarita Arosemena
Lo conocí recién llegado de México, tenia 5 años de ordenado sacerdote; lleno de vida y de entusiasmo por la extensión del Reino de Dios! Fue en una charla a los padres de familia del colegio Nuevo Mundo. Con frecuencia teníamos la oportunidad de escuchar sus platicas formativas a la luz del Sto. Evangelio. Luego, como residente de la Ciudadela Los Ceibos y Puerto Azul, tuve la oportunidad de asistir prácticamente a diario a las misas celebradas por él como nuestro Parroco por mas de 20 años. Tengo solo palabras de agradecimiento por su labor pastoral llena de amor en favor de las familias, de los jóvenes y de los cientos de miles de pobres que se beneficiaron de sus campanas de la Fundación Jesús Da, creada por el con el apoyo económico de sus feligreses, para ofrecerles a precios simbólicos alimentos y ropa, siempre acompañados de la Palabra de Dios. Esta campaña se realizo en todos los barrios pobres de Guayaquil y en las provincias mas pobres, lugares muchas veces olvidados y muy difíciles de llegar. No conozco otra obra de este tipo, que haya llegado a tantos lugares y en la que se hayan involucrados tantos jóvenes voluntarios. Eran muy frecuentes las solicitudes al padre Federico para que vaya la Campaña Jesús Da a diferentes sectores, por parte de los mismos sacerdotes de dichas parroquias marginales! Como Fundación Casa del Hombre Doliente, al menos dos veces por año recurríamos a el, para solicitarle nos permita vender rifas o hacer colectas para nuestros enfermos. Jamás dudó en concedernos su autorización. Todo grupo que trabajar a favor de los pobres, era recibido con inmensa alegría. Como constructor de iglesias, creo que fue excelente, así lo demuestran las Parroquias de María Reina en Puerto azul y la ampliación admirable, de la Parroquia María Madre de la Iglesia de Los ceibos, así como las Casas Parroquiales y salones y auditorios. Como sacerdote y confesor, fueron muchas las veces que acudí a el para la Confesión Sacramental, recibiendo consejos profundos, claros y acertados, llenos del amor de Dios. Nuestra gratitud, la mía y la de tantos fieles, la reflejaremos sin duda en oraciones diarias a Dios Padre y a nuestra Madre Santa María para que tenga en Su gloria al Padre Federico, por su vida totalmente entregada a Jesús y a su Iglesia, y por su infatigable trabajo apostólico. Definitivamente estas acciones de agradecimiento son las que Dios bendice, sin duda no aprueba ninguna forma de burdo irrespeto de nosotros la feligresía a nuestra Jerarquía Eclesiástica.
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