El arte de gobernar
09/11/2010 Luis Villacrés Smith
"No hay biólogo en el mundo que no sepa quién es Humberto Maturana y cuál su aporte a la teoría del conocimiento. Maturana fue más allá de las ciencias sentando las bases para una novísima teoría, la biología del conocimiento, que ha influido también la psicología, la neurolingüística, la comunicación y la educación, pues desentraña genialmente la comprensión de aquello que nos hace humanos". Reseña de este reconocido científico que visitó el Ecuador, invitado por las universidades Casa Grande de Guayaquil y San Francisco de Quito. El arte de gobernar se refiere a una familia, empresa, institución, grupo humano, comunidad o nación. Condición necesaria para dirigir a otros, constituye "el saber escuchar, respetar y valorar a los demás". Nadie es ni puede sentirse superior. Valorar, respetar al prójimo, a tu colaborador, a cada ser, de igual a igual. "Los seres humanos no queremos ser manipulados, no queremos que otros determinen nuestro hacer y nuestro pensar; lo que queremos es ser responsables a través del entendimiento". Las personas no aceptamos manipulación ni queremos ser seducidas, queremos escoger, no queremos ser sometidos, sino ser autónomos, responsables, conscientes de nuestros actos. "Ningún ser vivo está bien sometido al arbitrio de otros. Los seres humanos podemos reflexionar y escoger nuestros deseos, podemos escoger lo que queremos vivir". Por ello, el arte de gobernar es el de "coordinar voluntades, deseos, ganas de hacer lo que se sabe hacer en el momento oportuno y en el lugar adecuado. Es coordinar emociones". ¿Cómo? "Desde la exigencia y la manipulación que niega al otro o desde el mutuo respeto que acoge y posibilita". Gobernar se mueve entre dos emociones extremas: la obediencia y la colaboración. Hay estilos de liderazgo que exigen obediencia, sumisión, mientras otros logran adhesión, motivación, colaboración. La obediencia surge desde la negación de sí mismo, por miedo ante la amenaza, mientras la colaboración surge del respeto por sí mismo, en el placer de hacer lo que se hace, junto a otros. "En la obediencia, se exige rigidez y se restringen las conductas inteligentes, no se tiene presencia y no se pueden corregir los errores. En la colaboración, se amplía la conducta inteligente y creativa, se pueden corregir los errores, porque nunca se amenaza el vivir y hay respeto para verlos porque no hay duda de la honestidad. El camino emocional que logremos al gobernar depende del mundo que queremos vivir. ¿Queremos un mundo de personas íntegras o un mundo de seres resentidos?". Se trata de inspirar en los demás la voluntad de hacer las cosas, de querer hacer, de lograr adhesión y colaboración. Vivir en democracia no es sinónimo de igualdad absoluta, ya que somos distintos, pero sí la posibilidad de tener igualdad de oportunidades, de igual acceso a ellas. Por ello, la tarea de los dirigentes es ayudar a construir una sociedad más justa, en la que todos tengamos oportunidad de desarrollarnos y progresar.
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