| | La inquisición en la curia
Por: Héctor Ygonet Céspedes
El término Inquisición, hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresión de la herejía en el seno de la Iglesia Católica. La herejía en la era medieval muchas veces se castigaba con la pena de muerte, y de ésta se derivan todas las demás. La Inquisición medieval fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, que en 1249 se implantó también en el reino de Aragón (fue la primera Inquisición estatal) y que en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, fue extendida a ésta con el nombre de Inquisición española (1478-1821).
El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia, así como por haber dejado de hacer el bien necesario en favor de judíos y otras minorías perseguidas. En una carta enviada a los cardenales católicos, el papa Juan Pablo II exhortó a la Iglesia a reconocer los errores cometidos “por sus hombres, en su nombre”, y la anima a arrepentirse.
La inquisición moderna que aplica muchas veces la Iglesia Católica en todo el mundo, no solo persigue la herejía como en los tiempos oscuros del cristianismo, sino que hoy también persigue el libre pensamiento, y la iniciativa emprendedora. Pero cabe señalar en honor de la verdad, que no todos los líderes de la Iglesia moderna entrarían en esta descalificación, es mas la inmensa mayoría de Obispos, cardenales y ministros de la Iglesia Católica, son incorruptibles hombres de fe, comprometidos en cuerpo, alma y espíritu con los verdaderos principios y leyes universales del sacerdocio.
Federico Gagliardo fue uno de esos titanes, cuya vida espiritual está llena de ejemplos de sacrificios por de los demás. Su amor al prójimo, fue extenso en todo el sentido de la palabra, y sus luchas por los más pobres, siempre sobrepasaron las fronteras de su propia iglesia.
Gracias a su espíritu de libertad, y sacrificios, lo convirtieron en un ser humano de pensamiento libre y decidido, que en más de una ocasión le acarrearon la censura de los inquisidores de la Iglesia. Federico Gagliardo en el último año de su vida sacerdotal, se sintió como un perseguido de conciencia por la cúpula de la Iglesia, que se doblego a los intereses politiqueros, fraccionando los principios que debieron permanecer como inalterables. En varias conversaciones personales con el Padre Federico, este lamentaba con los ojos mojados por la melancolía, como lo habían traicionado, separándolo de su Iglesia María Madre de Los ceibos, que él había esculpido como una catedral sagrada, por amor a sus fieles y devotos seguidores.
La obra del Padre Federico, deberá ser continuada por los nuevos administradores de la fe en su Iglesia, quienes sin duda contarán con todo el apoyo, cariño y respeto de quienes conformamos la sagrada legión de seguidores, creyentes y súbditos de nuestra amada Iglesia Católica, muy en especial la parroquia María Madre de Los Ceibos.
Héctor Ygonet Céspedes Analista y Consultor Político.
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