Redescubriendo al redescubridor
 06/02/2012 Alfonso Reece D.
Para muchísimos ecuatorianos Humboldt es nada más que una corriente, fría para colmo. Somos ingratos con uno de los mayores talentos de la humanidad, para quien el Ecuador de hoy fue una tierra fundamental y amada. Se diría que la corriente de Humboldt fluye hacia el olvido. Pero en este olvidadizo país, dos académicos navegan contracorriente. Se trata de Segundo Moreno Yánez, un antropólogo e historiador cuya obra y pensamiento son ya una referencia angular en las ciencias sociales del país, y de su esposa, Christiana Borchart, una historiadora alemana, que sigue esa tradición de científicos germanos como el mismo Humboldt, Wolf, Hule y tantos otros que han contribuido al conocimiento de estas tierras como pocos ecuatorianos lo han hecho. La última contribución de esta erudita pareja a la difusión de la vida y obra del gran viajero es el libro Humboldt y la emancipación de Hispanoamérica, que incluye trabajos de otros importantes académicos.
En su tiempo ya había quienes tenían la seguridad de que Humboldt y su compañero el francés Aimé Bompland eran agitadores enemigos de España. Ellos llegaron a una América ansiosa de compartir tanto los nuevos conocimientos científicos como los renovadores conceptos políticos de la Ilustración. Resultaría poco verosímil que el barón no haya comentado esas ideas que ya profesaban algunos americanos, aunque no dejase evidencia de tales diálogos, puesto que se trataba de opiniones proscritas. Que no haya documentos no quiere decir que no hayan ocurrido, pero la historia, como toda ciencia, debe remitirse a las evidencias. En el ensayo con el que Moreno abre este libro señala importantes puntos que sugieren que esa comunicación debió darse. El texto Condena fundamental del sistema colonial, escrito en Guayaquil en los primeros meses del año 1803, califica al colonialismo de inmoral sin atenuantes. Partidario de las transformaciones pacíficas, estuvo a favor del libre comercio, del libre flujo de las personas, del progreso entendido como la aplicación de la razón a la actividad humana. Considera a los Estados Unidos como modelo a seguir, no en balde fue recibido por el padre fundador Jefferson con quien se carteaba. Por donde se lo mire, Humboldt fue un liberal.
Asombra la capacidad de asombrarse que lo caracterizó. No hay faceta de la realidad que no haya llamado su atención: animales, arte; plantas, arquitectura, sociedades, piedras, estrellas, volcanes, ríos, ruinas, mares… hombres… mujeres… Se lo llamó “el segundo descubridor de América”. Pero esa capacidad de asombro parece perdida en el mundo actual. Es triste y es grave. Me pregunto, ¿qué estaría haciendo Humboldt si viviese en estos momentos? Creo que cosas parecidas a las que hizo hace doscientos diez años. Sería un voluntario alemán, probablemente miembro de una ONG; recorrería las Américas haciendo investigaciones, sembrando ideas de libertad y respeto a la naturaleza. No se lo aceptaría en algunos países, en otros tendría que callarse para no ser deportado, porque, desgraciadamente, en este subcontinente todavía está vigente su frase al mismo tiempo escéptica y esperanzada: “Vendrá el tiempo en que la humanidad será libre, pero nosotros todavía estamos lejos de ello”.
Publicado en Diaior El Universo de el Ecuador. Colocado con autorización del autor.
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